
Bilge Arıcan
Trayectoria
Tras graduarme en 2005 en el Departamento de Guía Turístico de la Universidad de Selçuk, comencé mi vida profesional como guía a escala nacional.
Comencé a conocer y a dar a conocer, recorriendo paso a paso las siete regiones, el país que hasta entonces no había podido explorar. Admirando una vez más cada piedra y cada tierra, tuve el orgullo de dar a conocer la belleza histórica y natural de Anatolia —cuna de tantas civilizaciones— a viajeros de toda cultura, condición y edad, tanto locales como extranjeros.
Me sentí una vez más ligada a una profesión que me ha dado la oportunidad de conocer a personas de toda religión, toda lengua, todo color, todo país y toda raza. Se dice que el horizonte de una persona se abre a través de otras personas, que los mares poco profundos se convierten en océanos abiertos cuando dejamos espacio a formas de pensar diferentes; pues bien, mi profesión convirtió mi pequeño mundo en mares inmensos.
Hubo veces en que las preguntas de las personas que encontrábamos durante el recorrido nos llevaron a nuevas investigaciones y nos perdimos entre libros. Y hubo también, al final de ese perderse, auténticas revoluciones en las que los conocimientos adquiridos abrían nuevas luces en nuestro mundo de ideas, cerraban una etapa dentro de nosotros y abrían otra, dejándonos armados con una fuerza completamente distinta.
Con la inspiración que me da, sobre todo, hablar de Mevlana, siento cómo ese gran poeta, pensador, sabio y líder añade fuerza a mi fuerza; vivo la paz de poder inspirar aquí un corazón y, sostenida por sus oraciones, la felicidad de ejercer mi profesión con el amor del primer día.
Ejerciendo una profesión en la que cobran sentido las palabras de aquel gran pensador —«Eleva tus palabras, no tu voz. Es la lluvia, no el trueno, la que hace crecer las flores»—, seguimos ampliando también nuestra capacidad de percepción y comprensión.
Siguiendo su forma de pensar, acercándome a las personas dando valor no a la apariencia externa sino al corazón, viendo a cada uno —sea cual sea su religión o creencia— como un viajero que Dios ha puesto en mi camino, y atendiendo sus peticiones en la medida de mis palabras y de mis fuerzas, me siento honrada de acoger, casi como una posadera, a todos los amigos de corazón que llegan a nuestra puerta, cumpliendo así el deber que Dios y la vida me han confiado.
Quisiera cerrar mis palabras con esta visión del mundo de Mevlana: «Explica tu palabra de tal modo que se beneficien de ella tanto el sabio como el sencillo…». Con un saludo y todo mi cariño para los amigos que no olvidan el propósito de su llegada a este mundo, que ante todo pueden ser humanos y saben seguir siéndolo…
Quedad con amor, amigos míos…

